Aliwal Shoal II y Protea Banks: Entre la legión de tiburones y bajo el ataque inesperado

 

Una pequeña esfera plagada de agujeros marca el punto pacífico de encuentro entre los mayores depredadores del mar y de la tierra. Es un punto donde se desmitifica al pseudomonstruo devorahumanos y se comprende la locura del implacable exterminio de su poderosa especie. Es punto de reflexión para los que tienen la mente abierta, para los que buscan la perpetuación de todos los seres vivos del planeta y que luchan para lograrlo …


La primera visita a Umkomaas hace años formaba parte de un proyecto a medio camino entre el reto y la curiosidad. No se trataba sólo de ver tiburones de modo casual, significaba un paso más allá, el de ir decididamente a nadar codo con codo junto a decenas de ellos e intentar capturar sus elegantes movimientos en las instantáneas de una cámara.

En ese primer viaje de 2015 y a medida que transcurrían las inmersiones me iba sintiendo feliz tanto por disfrutarlos como por seguir de una pieza. Tras concluir el último buceo me invadió esa placentera sensación que conlleva la consecución de todo empeño junto con la de la tranquilidad de vernos a salvo y sin necesidad alguna de repetir una experiencia tan cercana con aquellos elegantes depredadores no carente de riesgos. El tiempo, como siempre sucede con él, fue pasando y muchísimos tiburones después, descubrí que mi relación con la costa este de Sudáfrica, lejos de haber sido un enamoramiento pasajero de verano, era, en verdad, algo más serio, mucho más … Sentí su llamada y no pude decir que no …

Faltaban unas 4 horas para que despegase nuestro vuelo a Johanesburgo, vía Zurich, con Swiss Air cuando llegamos al aeropuerto con la prudente previsión que el ineludible Murphy me ha enseñado a desarrollar a base de cruentos palos. Allí una señora muy amable nos comunica que nuestro vuelo se va a retrasar y que vamos a perder el enlace previsto en el país de la cruz blanca – Bueno, no está mal para ir abriendo boca …

Afortunadamente, de modo inmediato, nos informa que otro vuelo de Lufthansa, miembro del mismo grupo, está embarcando en ese preciso momento y que llegará a nuestro destino africano incluso unos minutos antes. Lógicamente aceptamos la propuesta sin dudar y tras una breve llamada telefónica nos reubican y nos piden los pasaportes para emitir las tarjetas de embarque pero … la cara de la empleada comienza a demudarse al repasarlos con detenimiento y su gentil sonrisa a mutar en mueca de clara preocupación. A mí acribillado pasaporte le restan 3 páginas en blanco pero al de mi pepito grillo personal tan sólo 2 y nos informa a bocajarro que para poder entrar en el país natal de Nelson Mandela es obligatorio tener 3 páginas impolutas. Acto seguido, me pide que pase por detrás del mostrador y directamente me lo muestra en la pequeña pantalla del ordenador para despejar cualquier duda. Una corriente eléctrica ha comenzado a recorrer desbocada por mi zona estomacal mientras que casi puedo oír el sonido de mis neuronas trabajando a destajo en busca de una solución a este inesperado problemón que se une a la circunstancia de que el vuelo salvador está muy cerca de partir – La cosa no pinta bien, nada bien …

Me pregunta sobre si vamos a visitar más países y le digo que cuatro más y, además, con idas y venidas entre ellos, y que, por si fuera poco, para hacerlo posible tendremos que entrar y salir de Sudáfrica, a ver, a ver …. No una sola vez, sino 3 … Percibo con claridad como su mandíbula se descuelga para mostrar un rostro totalmente ocupado por la perplejidad y sin pensarlo mucho me dice – Pues, sinceramente, me temo que no van a poder hacer ese viaje.

Tras este craso error de información burocrática, motivado por la acumulación de trabajo de las semanas previas a la partida, es la hora de entrar en modo turista profesional, fajarse y tirar para adelante como sea y a por todas por lo que le contesto que creo poder solucionar el problema en las respectivas fronteras y le pregunto, sin más preámbulos, por si puede imprimirnos los pases de embarque antes de que perdamos el avión. Levanta ambos hombros y no se opone. Entre resignada e incrédula, pulsa el oportuno botón, la maquinita de impresión suena y nos entrega los billetes deseándonos toda la suerte del mundo – que la vamos a necesitar – y salimos como balas con el equipaje de mano hacía la puerta de embarque con la mente aún nublada por el futuro tan borrascoso como incierto que nos aguarda por esos mundos de Dios …

Para llevar nuestro complejo viaje a buen puerto hasta conseguir regresar al hogar dulce hogar será estrictamente necesario que sellen nuestros raquíticos pasaportes, exactamente, 20 veces … Ni una más ni una menos … y sin más adversidades despegamos – Alea iacta est

Alterno la mente en blanco en el trayecto de ida para conservar fuerzas con episodios de generación de estrategias distintas que utilizar en la frontera, surge el plan A, el B, el C y el D. Tras la escala de este nuevo vuelo en Frankfurt finalmente el segundo avión posa sus ruedas en el aeropuerto, con el nombre del ex presidente Oliver Reginald Tambo, más bien acongojados, para que ocultarlo … Tensa espera en la cola y llega el momento de la verdad frente a un señor de color al que le entrego ambos pasaportes dándole los buenos días y pidiéndole el favor de que nos ponga el sello en un huequecito de alguna página porque nos quedan pocas en blanco y las necesitamos para visitar más países. Es el plan A – la mejor estrategia suele ser un buen ataque … Hojea y ojea las páginas con agilidad al tiempo que formula las preguntas de rigor sobre donde pensamos quedarnos y que vamos a hacer momento que aprovecho para además de darle la información requerida alabar las excelencias, ciertas, de su país. Segundos después ya ha pegado dos tamponazos en espacios de páginas antiguas y, con una amplia sonrisa que, en ese momento, casi se me antojo celestial, extiende su mano para devolvernos la documentación y desearnos una feliz estancia. ¡Objetivo conseguido! Ya tan sólo nos restan 19 sellos por poner, con el hándicap de las dos entradas y tres salidas que efectuar o no … por este aeropuerto internacional sudafricano …

Vuelo doméstico a Durban, recogida del coche de alquiler, inquietante conducción por la izquierda cambiando de marcha con la mano siniestra – con alguna rascada que otra – y llegada al centro de buceo donde nos alojaríamos durante los cuatro días siguientes y que resultó ser fantástico. Su nombre, Aliwal Shoal Scuba que, además, se encuentra situado muy cerca del río Umkhomazi y del puente junto al que parten todas las embarcaciones de buceo bien desde la desembocadura de este pequeño río bien desde la playa según las condiciones del tiempo y las mareas. Allí nos tenían reservada una amplia habitación, bien pertrechada con un gran frigo, en primera línea de playa con fabulosas vistas al Índico e incluso un aparcamiento reservado y vigilado. De momento, todo marchaba bien por lo que cenamos allí mismo, en el restaurante Waves, una gustosa crema marinera, repleta de mejillones con sus conchas y todo, acompañada de un par de birras para acompañar al gran T-bone, muy poco hecho, con el que reponer las fuerzas necesarias y recuperarnos de los disgustos.

Colocar los pies bajo las tiras de seguridad colocadas en el fondo de la zodiac, agarrarse fuertemente a las cuerdas de la borda, para superar las pertinaces olas vuelca barcas que rompen en la playa, y llegar de golpe los recuerdos de otros tiempos pasados es reconfortante. En esta ocasión el clima sería infinitamente más benévolo que en la anterior visita lo que resultó de agradecer aun cuando por otro lado eché de menos esos buceos de batalla con olas demoledoras para el cuerpo y el espíritu con las que se van curtiendo los buzos. Quizás deba hacerme ver y psicoanalizarme este componente masoquista …

Son las 07:30 y llega la hora de lanzarse al agua para una inmersión tiburonera con cebo. Así que tras soltar los recipientes agujereados que contienen el pescado bien pestoso esperamos unos minutos a que se vaya esparciendo este aroma irresistible para los escualos. Al rato, comienza la ritual cuenta, para lanzarnos de espalda todos a la vez, de … 1, 2, 3 ¡¡Go!!, que viene ser el 4, pero con el rabillo del ojo veo a una chica suiza sentada a mi izquierda que se lanza a la de 5 … Siempre suelo estar tremendamente atento a este crucial momento por lo que me giro evitando un botellazo seguro en la cabeza al tiempo que me viene el recuerdo de hace más de una década a bordo del crucero de buceo Ocean Dream cuando, en el primer día de navegación por el Rojo Norte, la chica encargada de hacer los videos se tiró tarde y le abrió una buena brecha en la frente a una buza vasca que ya no pudo sumergirse más en todo el viaje …

Nada más hundirnos comprobamos que nuestros amigos ya han acudido en buen número a la invitación y que, de inmediato, va a comenzar nuestro añorado bailar pegados en el azul.

 

  

 

 

 

             

 

Durante una hora los tiburones describen lentos círculos alrededor del reclamo rodeados por numerosas rémoras mientras que algún que otro mero patata curioso se pasea más al fondo. Allí, permaneceremos ingrávidos. En primera línea de una escena que lejos de transmitirme tensión alguna me relaja plenamente, llenándome de la satisfacción de comprobar, una vez más, que humanos y escualos pueden coexistir e interactuar con tan sólo unas mínimas pautas de respeto.

Tras el atracón de tiburones tocaba una tranquila visita al arrecife para encontrarnos con bastantes más, en esta ocasión raggies o tiburones tigres de arena, con una gran tortuga y una morena bien desarrollada que se encontraba en plena sesión de dentista asistida por una pulcra y eficiente cigalita limpiadora.

 

Como todas las excelencias no pueden contenerse en un mismo frasco tampoco puede esperarse de los arrecifes de Aliwal el festival de vida y color de otros lugares de aguas más cálidas y con un coral mucho más abundante. Pero esa realidad no da lugar a que aparezca el temido aburrimiento y su pariente la decepción porque en las cuevas, arcos y oquedades se podrán encontrar pequeños tiburones descansando, cardúmenes de peces tropicales incluso insólitas parejas como la del pez cofre y el trompeta paseando casi cogiditos de las aletas muy conjuntados.

 

Allí estaba también el mero bromista que se aproximaba para alejarse justo cuando quería inmortalizarlo. Sorprendentemente, cuando se me salía uno de los cables del flash que estaba obstinado en no quedarse en su sitio, acudía raudo a ver como lo recolocaba en su agujerito francamente interesado en esa operación para una vez concluida salir pitando de nuevo … Aun no he conseguido adivinar que se le infundiría al verme concentrado en tal faena. Así ocurrió en tres ocasiones ante mi incredulidad hasta que, por fin, y tras echarle varias broncas, a través del regulador mientras intentaba ajustar el cable al tiempo que el mantenía su morro cómicamente pegado a mi cámara, terminamos por trabar cierta amistad y decidió obsequiarme con algunas de sus mejores poses ensayadas.

El regreso a tierra suele suponer una divertida maniobra en la que la zodiac se sube a la cresta de una ola que la transporta como si nada y directamente hasta hacerla aterrizar sobre la arena de la playa. Momento que coincide con el de un brusco frenazo para el que conviene ir bien agarrado de pies y manos so pena de salir despedido, estamparse contra un compañero o, lo que sería mucho peor, empotrarse contra la dura grifería de una botella …

Al día siguiente nos esperaban los pináculos de Protea Banks donde las corrientes pueden llegar a ser sencillamente brutales y para las que íbamos mentalmente preparados. Así que madrugón y a las 05:00 partimos con nuestro coche hasta el coqueto centro de buceo Aqua Planet donde nos esperaban para llevarnos a una doble sesión. En Protea, aún no se bien porqué, los precios son muy superiores a los de Aliwal Shoal, uno de los lugares más caros en los que hemos buceado hasta la fecha. Quizás dos buceos allí no resultaran suficientes para conocer la respuesta a esta cuestión pero todo me pareció similar entre los arrecifes de ambos lugares. Aquí los tiburones tampoco tardaron en mostrarse y nos acompañaron en gran número en la primera inmersión con cebo en el azul en su habitual búsqueda de los manjares encerrados en el interior de la gran bola perforada magistralmente controlada por el guía.

 

Estando inmerso en mis pensamientos de como cuadrar y componer la siguiente foto el guía señala vehemente con ambas manos hacia mis pies poniéndome el corazón en la boca por lo que, instintivamente, me encojo esperando un leñazo de no sé que tipo pero al bajar la mirada para ver de que se trata lo que encuentro es una masa oscura que se mueve como un submarino desplazándose justo por debajo de mis piernas. ¡No me lo puedo creer! Mi mente tarda unos instantes en cambiar de modo tiburón grande a modo gigantón desconocido. ¡¡¡Es … es, si es una ballena !!! … Está pasando sin apenas moverse pero a una velocidad que ni con el más potente de mis aleteos podría acercarme jamás a seguir. Tras recuperarme de la descomunal sorpresa, nunca mejor dicho, le lanzo una foto al vuelo … mala, francamente mala, bueno, pésima … Pero enormemente valiosa porque es la primera vez que tengo el inmenso privilegio de ver una llevando una botella de aire a la espalda. Algo que muy pocos buzos pueden contar y que muchos jamás llegarán a experimentar y, encima, me la llevo de recuerdo …

En la segunda de arrecife iríamos derivando con una corriente suave siguiendo al guía y a su boya dado que se nos aconsejó insistentemente no perderlo de vista, bajo ningún concepto, a riesgo de perdernos nosotros también. En esas volveríamos a nadar con los omnipresentes escualos. Muchos de ellos atraídos por nuestro guía que periódicamente estrujaba su botellita de plastico de medio litro expulsando una estela de ese irresistible perfume que tanto les provoca. También nos toparíamos con los acostumbrados meros patata y las ocasionales tortugas. Para los momentos de menor acción siempre quedaba, siguiendo la costumbre del lugar,  dedicarnos al juego de la búsqueda de los dientes de raggies que, con buena vista, se pueden encontrar esparcidos en considerable número por aquellos fondos arenosos.

La subida de los buzos a la zodiac en estas aguas suele resultar muchísimo más ágil y fluida que en otros lugares. Quizás tenga algo que ver la inquietante presencia de aletas triangulares con puntas negras al aire que circulan por todos tus flancos con total nitidez brillando a la luz del sol y rasgando la superficie mientras tú te encuentras aun flotando ocupado en quitarte los plomos y el equipo para entregárselo al personal que ya camina tan ricamente en la seguridad de la barca.

De vuelta en Umkomaas, volveríamos a recuperar fuerzas cenando en Sabastians nuestro habitual menú de crema de mejillones, T-bone crudito y langostinos a la plancha regados con pintas heladas de cerveza Castle.

Los dos últimos días transcurrirían alternado las inmersiones con cebo con las de arrecife. Las primeras más repetitivas pero muy intensas y las segundas más variadas por la presencia habitual de los tranquilos raggies – que se iban dejando los dientes por todos lados – y las penetraciones por las pequeñas cuevas y los arcos donde acostumbraban a cobijarse los bichos locales

Llegada la última inmersión me aguardaba, sin saberlo, el mayor de todos los peligros afrontados en el viaje. Con gran preocupación percibo que la joven buza suiza se ha sentado de nuevo a mi izquierda y me temo lo peor. Tras terminar de equiparnos, comienza el conteo ascendente del … 1, 2, 3 ¡¡Go!! … Con los pelos como escarpias ruedo hacia atrás simultáneamente con mi compañera. situada a mi derecha, pero no desvio, ni un nanosegundo, la mirada de la compatriota del gran Roger Federer. Al contactar con el agua, justo milésimas antes de sumergirme por la inercia, advierto que la helvética aún permanece sentada sobre la borda e iniciando en ese momento su movimiento a la de 6 … Malo …

La corriente me ha puesto justo debajo de la zona donde irremediablemente caerá. El golpe es inevitable por lo que, en esta segunda ocasión, me giro totalmente para que sean ambos tanques los que reciban el impacto. Así es, noto como me vibra la columna y, al poco, comienzo a recibir una serie indefinida y caótica de aletazos en la cabeza y en la cámara que terminan por arrancarme los cables de fibra óptica de ambos flashes. Paradójicamente, me encuentro bajo el ataque de una ciudadana perteneciente a un supuesto país neutral pero que con sus 178 centímetros de talla me está dando una involuntaria pero soberana paliza …

Solo me queda una opción … es la hora de utilizar la ancestral técnica fotosub del agarre de tenaza tobillero. La aplico con precisión quirúrgica y la desplazo un metro más allá. Al conseguir emerger, milagrosamente indemne, y al tiempo que recibo sus azoradas disculpas, doy gracias a Neptuno por haberme protegido de todo mal marino …

Durante todos estos días no encontraríamos tiburones toro o zambezi, ni tigres por estar fuera de temporada aunque mi compañera si vio y grabó martillos, suerte que yo no tuve por cuanto la agoté con creces con mí fugaz encuentro ballenero.

Esta breve pero provechosa aventura submarina, de tan sólo 8 inmersiones, había concluido. Atrás quedaban los centenares de tiburones que las habían protagonizado, el mero bromista y las numerosas ballenas acompañadas de sus ballenatos resoplando y saltando muy cerca de nuestra embarcación, ante nuestro habitual asombro, durante nuestras animadas travesías que añadieron un punto más a la nota muy alta de esta gratísima experiencia.

En el horizonte inmediato nos esperaban importantes objetivos y retos … la visita a las impresionantes cataratas Victoria en Zambia y Zimbabue, el colorido safari de Botsuana, el recorrido por tierra y mar de la escarpada Isla Reunión, el hogar de las ballenas … y, el mayor de todos ellos, el de conseguir que nos estamparan los 19 sellos restantes en nuestros escuálidos pasaportes para poder sacarle la lengua a la desgracia.


Dedicatoria: En esta ocasión dedicaré este relato a Neptuno por si hubiera podido ser él quien me salvara de sucumbir abotellado.


Nota.- Está crónica es la primera parte del viaje por lo que aquí dejo los enlaces de las que la complementan.

Segunda: Botsuana, Zambia y Zimbabue: El babuino carterista y el hipopótamo estratega del Parque Chobe

Tercera: Isla Reunión: Tres mañanas en la escuela de Ballenas

Cuarta: Isla Reunión: El grandioso escenario vertical de los Tres Circos



 

 

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2 comentarios en “Aliwal Shoal II y Protea Banks: Entre la legión de tiburones y bajo el ataque inesperado

  1. ¡Toda una odisea, Izen!, para mayor disfrute tuyo al recordarlo y contarlo. Sobre todo habiendo sobrevivido al feroz ataque de la rauda, precisa y coordinada helvética. He disfrutado mucho viendo y leyendo esta segunda parte de tu aventura sudafricana. Espero con impaciencia la tercera. Fuerte abrazo

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    • Gracias como siempre y respecto a mi improvisada adversaria tan sólo decir que la coordinación no estaba dentro de sus virtudes como buza aunque, sin lugar a dudas, tendría muchas otras … ;). Resulta curioso que después de haber aleteado junto a cientos de tiburones te pueda dejar seco una humana … c’est la vie

      Ya he llegado al ecuador narrativo de este viaje y tan sólo me quedan otras dos experiencias que ilustrar …

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