Botsuana, Zambia y Zimbabue: El babuino carterista de las Cataratas Victoria y el hipopótamo estratega del Parque Chobe

 

Un ondulante trueno de espuma ruge en su descenso a plomo. Una trenzada llanura es bendecida por el poder vital del agua hasta detenerse ante los hostiles dominios del desierto. El hogar de los seres libres donde la vida pende del frágil hilo de la ley de la selva … donde el más fuerte o el más hábil prevalece


Las jornadas de buceo en la costa este sudafricana ya eran historia. Atrás dejábamos nuestras inmersiones en los arrecifes atestados de tiburones de Aliwal Shoal y Protea Banks y en el aeropuerto de Durban aparcado nuestro coche de alquiler para saltar a Johanesburgo y desde allí al aeropuerto de Livingstone en Zambia.

En nuestra agenda: la visita a las Cataratas Victoria en ese mismo país en el primer día, el safari por el Parque Nacional Chobe en Botsuana el segundo y, para el último, completar el recorrido del gran abismo desde su lado más vistoso en Zimbabue.

En principio, realizar este recorrido es coser y cantar pero arrastrábamos un grave problema. El de mi pasaporte con 3 páginas libres y el de mi pepito grillo personal con tan solo 2 y para entrar en Sudáfrica es obligatorio tener tres en blanco y este tránsito interpaises conllevaría que nos pusieran 15 sellos, más 2 de entrada y salida en Sudáfrica a nuestra vuelta y otros 2 de una nueva entrada y salida de este país cuando regresáramos de nuestro último destino, Isla Reunión, si es que conseguíamos llegar porque el volver a entrar y salir del país de Mandela por dos veces con este panorama se antojaba, cuando menos, dudoso …

Nada más aterrizar, recogida exitosa y rápida de maletas y rumbo al control de pasaportes. Allí previo pago de 50$ por persona solicito que nos den el visado KAZA Uni-Visa que, durante 30 días, te habilita para poder cruzar ilimitadamente estos tres países. Tras ver como vuelan los 100$ a un cajón observo con horror como la señora encargada del visado saca dos grandes estampas que pega en cada una de nuestras hojas libres con lo que nuestro número de hojas en blanco merma de golpe a 2 y 1, respectivamente al tiempo que lo hacen nuestras probabilidades de completar el viaje con éxito, ahora ya somos dos los que incumplimos los requisitos …. Será necesario sudar tinta de calamar para que los 15 sellos de los pasos fronterizos por venir en Botsuana, Zambia y Zimbabue sean colocados entre los huecos de los anteriores que ya ocupan las páginas antiguas …

Rápido desplazamiento al Lodge donde nos alojábamos, muy cercano al aeropuerto, fulminante regateo y negociación del safari del día siguiente y salida apresurada en taxi hacia el gran manto de agua efervescente situado a tan solo 15 minutos para poder aprovechar las pocas horas de luz restantes.

Al aproximarnos a la frontera con Zimbabue comenzamos a percibir el rumor del agua que crece y crece. Pronto estaríamos en uno de los principios de la colosal grieta de 1,7 kilómetros de anchura por donde el río Zambeze se precipita sin remisión. Estamos en la época seca, el caudal es menor y permite una observación más clara de Mosi-oa-Tunya, el humo que truena según la población local, nombre más exótico que el dado por el explorador, médico y misionero escocés David Livingstone en honor a su reina en 1855.

Ver como un río, que baja tranquilo, se precipita a plomo bramando de un modo formidable en esa inmensa extensión es absolutamente impactante. Esta extraordinaria brecha llega a alcanzar hasta los 108 metros de altura en su parte más elevada lo que combinado con la potencia inmensa de su caudal hace que te sientas un poco menos que minúsculo y desde ese convencimiento indiscutible puedas asumir la grandeza de tan singular entorno natural que forma parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1989.

Serán varios los caminos a elegir, el primero de ellos lleva al punto donde las aguas del Zambeze están a pocos segundos de darse el gran batacazo para goce y regocijo del turista. Allí, un pequeño grupo de personas aprovecha la paz del remanso para recogerse, dedicarse a sus oraciones y, quizás, incluso a meditar sobre la vida que, como le ocurre al río mientras fluye, puede cambiar drásticamente en un instante para después volver a normalizarse y continuar discurriendo hasta terminar en el mar que, como avanzó Jorge Manrique, es el morir …

 

El segundo, discurre con las cataratas a tu derecha atravesando un estrecho y resbaladizo puente con un precioso arcoíris sobre él. En este corto tránsito el humo que truena te obsequiará con una refrescante y gratuita ducha que agradecerás durante el resto del trayecto que finaliza con un tremendo corte del terreno en el Danger Point – punto peligroso – Desde allí se divisa a la izquierda el gran arco de acero que sustenta el gran puente fronterizo de 128 metros de altura, terminado en 1905, para unir Zambia y Zimbabue. En el lado opuesto, se asoma una extensa porción de la gran cortina que continúa rugiendo hasta perderse de vista entre la impenetrable bruma.

El tercer sendero, que te lleva al Boiling Pot – caldero hirviente- es descendente. Te cuentan que hay bajar unos 600 y pico escalones pero la realidad es otra radicalmente distinta. Muchos de ellos están desnivelados o destrozados, otros no existen y, para colmo de males, faltando poco para llegar al final tendrás que hacer barranquismo o alpinismo, según la dirección que lleves, porque un derrumbe se ha apropiado del camino con rocas del tamaño de carritos de hipermercado y lo ha vuelto irreconocible, de hecho tardarás un buen rato en averiguar por donde continua. Ciertamente para los 20$ que cobran por persona para acceder al recinto bien podrían gastarse un 5% en mantenerlo para que nadie se despeñe en el intento …

Estando a medio camino de la accidentada bajada veo como, repentinamente, aparece torciendo una curva del estrecho sendero, un babuino bien crecidito y bastante guarrete. Lleva la boca llena de una viscosa pasta amarilla de algún fruto que se acaba de zampar. Se cruza conmigo mirándome con indiferencia y continúa ascendiendo hasta que llegado tan sólo unos metros más atrás, a la altura de mi pareja y sin contarse un pelo, se pone de pie, agarra con fuerza la mochila que lleva a su espalda y comienza a tirar de ella mientras su dueña se queda petrificada y hace bien. Bueno … parece que el enfrentamiento entre babuino y hombre-rana es prácticamente inevitable. Así que me acerco lentamente hacia él y le doy un par de voces. Más que nada para invitarle a desistir del robo con violencia que está perpetrando a plena luz del día. Nos miramos tanteándonos al tiempo que también agarro la mochila y compruebo, para mi sorpresa, que ya ha abierto la cremallera trasera. O estoy ante un auténtico y consumado experto o la suerte simplemente le ha sonreído. En esas un paquete de toallitas cae al suelo y ambos nos lanzamos como un rayo a por él. A toro pasado pienso que se las debería haber regalado para que se limpiase la boca pero en aquél momento me dio coraje y por milésimas de segundo me adelanté a recogerlas. Cruce de miradas sostenido, no sabiendo muy bien que vamos a hacer a continuación ninguno, hasta que decide darse a una fuga parsimoniosa ante mi alegría porque la fuerza de uno de estos elementos excitados debe ser considerable y su mordedura bien pudiera haberme llevado a un hospital que por aquellos lares quizás alberguen bichos bastante más peligrosos que el mismísimo primate bandolero.

Del Boiling Pot tan sólo decir que, una vez alcanzado este recodo del río, era poco boiling y nada pot por lo que más nos valdría habernos quedado arriba a salvo de forajidos aunque, para ser honestos si que ofrecía una bonita imagen del puente de acero desde el profundo fondo del gran cañón.

Padecido el sufrido ascenso de vuelta y cayendo la tarde iniciamos el recorrido del cuarto sendero que se dirige hacia el puente y desde el que se obtienen unas buenas vistas aunque un tanto lejanas de las cataratas. Pronto comprobamos que está plagado de babuinos con sus crías por lo que aprovecho para hacerle un par de fotos a una mamá con su minimono y reemprendo sin más la marcha para dados tan solo 5 pasos recibir un fuerte y sonoro latigazo en el gemelo que me propinó la madre con la mano. Quizás fuera la rencorosa esposa del babuino asaltador o más probablemente exista una desconocida incompatibilidad ancestral entre hombre-rana y estos primates que en el futuro pueda llegar a ser objeto de un estudio más profundo por algún antropólogo sin otras cosas más importantes que hacer.

 

Son las 06:40 del segundo día y nos recoge nuestro amable guía para iniciar nuestra ruta hacia Botsuana pasando por Zimbabue y rumbo al Parque Nacional Chobe en el desierto de Kalahari. Tras cruzar el río en barco, sufrimos el calvario de varios pasos fronterizos intentando mantener las páginas vírgenes y nos desplazamos en un vehículo que nos espera hasta un moderno resort situado junto al embarcadero donde iniciaremos el recorrido fluvial. Con alegría comprobamos que nos ha correspondido una pequeña barca con tan sólo 5 pasajeros más y no uno de los barcos grandes con una treintena de ocupantes. Nada más zarpar observamos como en la orilla contraria ya se asoman entre la vegetación varios elefantes que se alimentan tranquilamente.

Pronto paramos junto a uno de los muchos cocodrilos que se encuentran tomando el sol y que parecen no inmutarse ante nuestra presencia. No muy lejos contemplamos como los elefantes arrancan largos manojos de hierbas rompiéndolas como si fueran hilos para limpiarlas de barro con la trompa, enjuagarlas repetidamente y engullirlas sin cesar.

Seguimos el curso para situarnos frente a una manada de elefantes que se está congregando en el borde de la árida orilla opuesta, el guía nos comenta que se disponen a cruzar el río nadando y los esperamos inmóviles en un recodo. A los pocos minutos comienzan a vadearlo en fila india desde el lado árido hasta el que nos encontramos repleto de rica y fresca hierba. La estampa de los paquidermos cruzando delante de nosotros sobre la húmeda llanura es sencillamente de película.

 

 

Continuamos la navegación observando múltiples especies de aves y las grandes manadas de búfalos, cebras y muchos elefantes más sorprendidos de la generosa  biodiversidad que alberga y alimenta esta interminable pradera inundada.

Casí al final de nuestro camino de ida alcanzamos una pequeña isla habitada en régimen de copropiedad por un gran cocodrilo con la boca abierta y un grueso hipopótamo. Parecían comportarse como vecinos bien avenidos de los que saben respetar prudentemente las distancias. A medida que nos aproximamos ambos comienzan a mostrar su nerviosismo sobre todo el mamífero obeso que está cada vez más disgustado y lo evidencia progresivamente en su rostro hasta que, harto de intrusos, termina por erguirse y abrir su tremenda boca exhibiendo uno imponentes colmillos como advertencia final. Como no nos vamos, después de su alarde de fuerza y ante mi sorpresa, decide batirse en retirada lanzándose al agua por el extremo opuesto al que nos encontrábamos. Bueno … realmente no se estaba retirando más bien se estaba preparando para coger impulso y salir como un fuera borda detrás de nosotros levantando incluso una estela de agua en su frenética persecución. El experimentado barquero mete, a toda mecha, marcha atrás y salimos pitando para evitar que nos alcance. Mientras nos alejamos el dueño de la embarcación no deja de vigilar la cenagosa superficie del río por si las moscas …

 

Muchos animales después desembarcamos, reponemos energías almorzando abundantemente en el restaurante del resort y, medio adormilados, nos subimos al todoterreno que también conduce el polifacético capitán para comenzar la segunda parte del safari desde tierra.

Ahora el terreno se muestra desértico con la visión del río que acabamos de navegar al fondo. Nada más comenzar divisamos a lo lejos cientos de buitres que describen círculos, como en las películas del lejano oeste, anunciando la cercanía de la muerte. Llegados a su altura comprobamos que están dando buena cuenta de una gran animal muerto que no llegamos a reconocer a esas alturas del banquete pero que podria ser un pequeño elefante. Allí se encuentran enzarzados en repetidas peleas para establecer la jerarquía con la que dirimir el orden a la hora de hincar los picos mientras otros más débiles esperar su turno desde la secas ramas de un árbol muerto.

Más tarde aparecerán las gacelas, los kudus y las jirafas haciendo ejercicios de estiramiento para poder beber del suelo, más lejos están en la misma tarea los facoceros y no mucho más una familia de leones con sus cachorros que duermen una plácida siesta a la sombra de un árbol. Estando aparcados a escasos metros de los sesteantes felinos vemos como por nuestra retaguardia comienzan a atravesar la carretera una manada de elefantes que, en realidad, termina siendo una procesión que parece no terminar. Regresan del calor del interior del desierto en busca, como todos los demás, del líquido elemento y de un buen baño antiparasitario de barro.

 

El recorrido terrestre nos ha brindado otra visión distinta al fluvial aunque igualmente placentera. Dos caras de un mismo escenario maravillosamente plagado de vida en su estado más puro.

Tercer día y última jornada de mañana destinada, en exclusiva, a visitar las cataratas desde el lado preferido por la mayoría, el de Zimbabue aunque la sensación de cercanía sea mayor desde Zambia. Solo es necesario alcanzar el cercano puesto fronterizo en taxi, y, desde allí, cruzar el puente hasta llegar andando en unos treinta minutos al otro puesto de control y a la oficina de venta de entradas para iniciar la visita.

El recorrido es bien distinto al del primer día. Ahora se trata de observar la abrumadora potencia de las aguas desde las 16 distintas perspectivas que ofrecen los miradores que dividen este otro recorrido en el que el campo visual abarca una extensión abrumadoramente más amplia y, hasta donde alcancé a ver, a salvo de traicioneros babuinos.

La ruta lineal parte junto a la estatua de Livingstone, que en este lado se muestra más cansado, apoyándose en su bastón, que su hermano gemelo del extremo opuesto que parecía estar congelado en un perpetuo esfuerzo por distinguir la gran catarata oculta por la bruma.

Muy cerca de él se obtiene una visión cercana del principio de la caudalosa caída para, a medida que se va avanzando, presenciar el inmenso despliegue del espumeante telón que se hace más y más grande, hasta llegar a doblar la altura de su hermana norteamericana del Niágara. El paseo concluirá junto al espectacular corte fronterizo desde el que se las ve perderse por la izquierda en territorio extranjero. Un alarde de la naturaleza que dudosamente tiene parangón sobre la faz de la tierra.

 

 

El tiempo de nuestra visita relámpago al trío de países africanos concluye y, de regreso, aprovechamos para tirar las últimas fotos desde el puente. Allí nos proponen saltar al abismo pero la duda no llega ni siguiera a posarse en mi cerebro. No me inspira confianza el cuidado y la calidad de los materiales que emplean y creo, firmemente, que mi primera y única experiencia con el puenting en Baños de Agua Santa en Ecuador, mucho más espeluznante que este por cierto, sació mi curiosidad por este pseudosuicidio de por vida. Hoy no tocará poner en riesgo el resto del viaje por una eventual lesión o el resto de la vida por que llegue a suceder algo mucho peor …

Es tiempo de guardar cola en el aeropuerto de Livingstone. Toca embarcar las maletas rumbo a Johanesburgo para el día siguiente viajar a Reunión. Y ha llegado la hora de pasar la temida inspección de nuestros acribillados pasaportes. Las continuas entradas y salidas de Zambia, Zimbabue y Botsuana apenas han dejado resquicios donde estampar más sellos, después de los 15 que nos han colocado milagrosamente he conseguido mantener indemnes, no sin muchos sudores, el mismo número de páginas, 2 y 1 respectivamente.

La señora del mostrador de British tras observar nuestros pasaportes con detenimiento nos pide amablemente que nos pongamos a un lado de la cola. Pregunto por el problema y nos informan sobre lo que ya sabemos de sobra. Con cara de poker les explico que no pensamos quedarnos en Sudáfrica y que solo vamos en tránsito entregándoles los billetes de nuestro próximo destino. Así que descuelga el teléfono y efectúa una llamada, tras la que aparecer otra señora que, tras recibir una breve explicación, se aleja con los documentos hasta esfumarse por una puerta.

Allí, castigados junto al mostrador, vemos pasar con preocupación a todos los viajeros que se van desprendiendo de sus maletones hasta que el último termina por marcharse dejándonos más solos que la una. La hora de embarcar se aproxima peligrosamente. la espera se hace tensa y las nefastas nubes de la fatalidad comienzan a regresar ensombreciendo nuestras esperanzas. Se nos vuelve a aproximar otra señora que nos pregunta sobre nuestras intenciones en Sudáfrica a lo que le contesto que ninguna, que ya ha hemos visitado el país la semana anterior y que ahora tan sólo pasaremos por el aeropuerto para viajar a Reunión – No es del todo cierto porque la escala es de casi un día y tenemos pensado dormir en Johanesburgo, pero … – Y se vuelve por donde vino hasta que 10 angustiosos minutos después, y con el embarque al límite de comenzar, la puerta del misterio se abre de nuevo para dejar salir a través de ella a nuestro ángel de color benefactor con una sonrisa radiante y con los pulgares en alto. Podemos seguir, las autoridades sudáfricanas han dado el visto bueno, por un pelo de mosquito no nos quedaremos atascados en Zambia con dolorosas pérdidas en nuestras arcas e ilusiones …

El avión despega y mientras el monótono ruido del motor me va llevando hacia el sueño aparecen mezcladas las imágenes de aquellos preciosos animales libres de nuestro creciente asedio y la del colosal muro blanco que seguirá tronando en la memoria.


Dedicatoria.- En esta ocasión la crónica irá dedicada al hipopótamo al que le dimos la mañana y a todos los babuinos del mundo para que vean que los hombres-rana no guardamos el rencor.


Nota.- Está crónica es la tercera parte del viaje por lo que aquí dejo los enlaces de las que la complementan.

Primera: Aliwal Shoal II y Protea Banks: Entre la legión de tiburones y bajo el ataque inesperado

Tercera: Isla Reunión: Tres mañanas en la escuela de Ballenas

Cuarta: Isla Reunión: El grandisoso escenario vertical de los Tres Circos

Nota.- 2. Todas las fotos están hechas con el gran angular con el que me gusta disparar bajo el agua lástima no haber tenido un teleobjetivo para capturar hasta las moscas que se posaban sobre los bichos  pero la lamentable cuestión del peso en el avión ya no nos deja llevar ni un gramo más …


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