Archipiélago de Revillagigedo: El Unicornio errante de la Roca partida

 

Sobre un luminoso lienzo azul se recorta el blanco y negro de un formidable ser alado. Algo más tarde, otro animal travieso, trazará piruetas con su nariz de botella por pincel. Escualos, langostas y morenas comparten su austera estancia libre de corrientes. Una gran masa puntillista se desplaza armoniosa eclipsando al mismo sol mientras un extraordinario unicornio va siendo devorado a la deriva. No muy lejos, las ballenas juegan a ser acróbatas junto a la magia vital que emana de una solitaria Roca Partida.


Un destino estrella pendiente de alcanzar. Un viaje imaginado desde hacía largo tiempo, demasiado … Para él, era obligado fijar la mas extensa lista de objetivos jamás creada para un solo proyecto:

I.- Fotografiar a las mantas oceánicas, las de mayor envergadura del planeta agua.

II.- Bucear con amistosos delfines.

III.- Inmortalizar el descomunal cuerpo de una ballena bajo la superficie.

IV.- Admirar el sinuoso nado de un banco de martillos.

V.- Alcanzar la Roca Partida para bucear con sus distintas especies de tiburones y ver a los puntas blancas arracimados en las pequeñas repisas junto a langostas y morenas.

VI.- Conseguir que mis diecisiete compañeros disfrutaran de una placentera travesía lo más satisfactoria posible en el barco que, desde hacía ya más de un año, había elegido y negociado para todos ellos.

Capitulo I. De regreso a Cabo Pulmo.

Como aperitivo del inicio de tan ambiciosa aventura cuatro de los dieciocho componentes nos regalaríamos un par de buceos  en Cabo Pulmo. Hacia allí partimos al amanecer desde Cabo San Lucas el día previo a zarpar. En el centro nos esperaba nuestra amiga Pilu, a la que ya conocimos el pasado noviembre, y que con su habitual simpatía y energía vital nos llevó hasta su panga para lanzarnos a un agua bastante fresquita, entre 17° y 19°.

En esta ocasión no veríamos toros pero si mucha vida con buena visibilidad. Peces globos, morenas, grandes meros, una solitaria tortuga, bancos de brillantes jureles y otras especies que nos alegraron una preciosa jornada de mañana con dos apariciones estelares. La primera, bajo el mar, un tranquilo tiburón guitarra que descansaba sobre la arena del fondo pensativo. La segunda, en superficie … Una enooorme ballena con su ballenato que estuvieron un buen rato jugando al escondite con nosotros hasta que, finalmente, decidieron levantar su colas al aire para desaparecer de nuestra vista rumbo a las profundidades.

Tras degustar un fresco aguachile de camarón picosito con unas decobirras en La Palapa, restaurante local pegadito a la playa, emprendimos la vuelta para unirnos al resto de buzos y salir a cenar a un animado restaurante local donde saboreamos unos ricos medallones de atún fresco, variados ceviches y demás delicatessen de la colorida gastronomía mexicana regadas, como no, con Pacífico heladitas. Como dato curioso, y tras volver loco al camarero cyborg con un sinfín de cuentas separadas, pudimos comprobar como el precio de algunos platos y del jugo de cebada oscilaba entre las distintas facturas, por llamarlas de algún modo … A buen seguro este ciberhumano disponía de un microchip que lo mantenía conectado al milisegundo con las fluctuaciones del Forex y de las distintas bolsas mundiales, lógica teoría que explicaba la diferencia de precios entre los mismos productos …

Al día siguiente, sin media, capucha, careta ni nada, asaltaríamos sin pudor el comedor del hotel un cuarto de hora antes que este abriese para el desayuno con lo que pudimos estar listos para ser recogidos puntualmente a las 07:00 y conducidos hasta el puerto de San José del Cabo donde, junto a su vecino Rocío del Mar, nos aguardaba un Sea Escape que evidenciaba sin tapujos tanto el paso de los años como su sólida planta marinera.

La larga travesía que nos esperaba, en principio de 26 horas, no daba lugar a muchos preámbulos si queríamos poder bucear al día siguiente. Así que, tras solventar algunas de las habituales faltas de coordinación con los responsables del barco, zarpamos sin más dilación al tener los deberes hechos. Tras formar los dos grupos de 9 buzos y acomodarnos en los camarotes, concertados de antemano, levamos anclas rumbo al primero de los destinos asignados en el largo recorrido que nos aguardaba por el Archipiélago de Revillagigedo.

Capítulo II. San Benedicto.

El buen estado del mar sería la tónica general del viaje y nos permitiría recortar algunas horas de una travesía animada por la compañía de algunos delfines hasta que finalmente alcanzamos a divisar la silueta de la pequeña isla aclarándose en el horizonte.

Sin más, nos equipamos y nos lanzamos al agua junto al resto de miembros del grupo 1 para ver como en el Boiler se cumplía de inmediato el primero de los objetivos marcados en la lista. Allí volaba solitaria una descomunal manta que nos dejaría boquiabiertos con su tremenda envergadura y la lenta majestuosidad de sus movimientos. Al final de la inmersión volvería para despedirse en lo que se volvería una costumbre durante el resto de un viaje en el que casi siempre nos acompañó un ejemplar de esta maravillosa especie mientras hacíamos la parada de seguridad en el vertiginoso azul.

A la conclusión de la primera inmersión, tras librar una dura lucha para zafarme del acartonado traje semiseco, era tiempo de darme una ducha templada en la plataforma de popa y recuperar el calor perdido. Tras el remojo me percato por el rabillo del ojo de como un individuo de la tripulación se me aproxima por la retaguardia canturreando alegremente …

“Que te la pongo, que te la pongo

Que te la pongo, te la pongo ya

Que te la pongo, que te la pongo

Que te la pongo y no lo sentirás” …

Embarazosa situación que me hace volverme instintivamente como un resorte en evitación de males mayores. Al instante, y para mi tranquilidad, compruebo que muy lejos del presunto peligro, Antonio, que así se llama este fenómeno de la naturaleza, me muestra extendida una de las confortables toallas calentitas recién extraída de la secadora con las que, al ritmo de la canción, nos arroparía a buzos y buzas tras las inmersiones entre las risas habituales y comentarios que prefiero obviar en este relato para no herir sensibilidades …

Puntas blancas de arrecife, morenas y langostas, se harían frecuentes durante las dos inmersiones que haríamos en los fondos de esta pequeña isla antes de partir hacia la siguiente.

Concluida la jornada llega el turno del dron. Solo puede ser despegado desde el minúsculo espacio libre de la cubierta superior y la pequeña bandera mexicana que tengo a mi lado me indica un preocupante viento racheado, que desaconseja el paseo aéreo. Finalmente, decido ponerlo en el aire para observar con preocupación como el pobre lucha en más ocasiones de las deseadas por estabilizarse en el cielo. En estas, el barco, sin previo aviso, leva anclas y comienza a navegar. ¡Houston, tenemos un problema! … Hora de traerlo a toda mecha para un aterrizaje forzoso. Pero con el suelo en movimiento, se niega a parar sus motores y rebota. Afortunadamente, uno de mis compañeros logra atraparlo por sus dos patitas. El pobre esta herido, ha perdido dos de sus cuatro hélices, pero por lo menos vive para contarlo. Más tarde Antonio, el camarero showman, me comenta que estos artefactos suelen caer al agua … Le pregunto en qué proporción y me contesta con cara compungida – Que casi todos

Tras curarlo, mediante un implante de hélices nuevas, subiría para intentar elevarlo en varias ocasiones, siempre espoleado por mis persistentes compañeros ávidos de presenciar el aporrizaje marino del dron ajeno. El viento persistente y la prudencia, que no me suele caracterizar, en esta ocasión me llevó a no tentar más a la suerte con la lógica decepción del tremendista público asistente que, enfervorecido, clamaba por el inicio del trágico espectáculo tal y como los romanos en el circo un par de milenios atrás. A la salida de la penúltima inmersión subiría de nuevo a la cubierta superior decidido a volarlo sin distracciones a pesar del persistente viento, aprovechando hábilmente que el personal se encontraba aún desprendiéndose pausadamente de sus neoprenos, pero el mando debió detectar el nivel bajo de la batería del móvil y comenzó a pitar como un desesperado bloqueándose con las luces parpadeando en rojo y negándose a asumir la culpa del más que probable e inminente suicidio dronero  en las aguas de San Benedicto … ¡Otra vez será! …

 Capítulo III. Isla Socorro.

Sobre las laderas de Socorro, la hermana mayor de las islas, se divisa una estrecha carretera que se dirige hasta la base militar. Aquí se encuentra la única cámara hiperbárica existente por estos lares aparte de la que publicita el Sea Escape y respecto de la que llegué a albergar serias dudas sobre su funcionalidad a la vista de que, en la actualidad, tiene asignada la modesta función de trastero para escobas.

  

Nada más sumergirnos en estas aguas, el segundo de los objetivos se haría realidad en Cabo Pearce con la repentina visita de un gran delfín que durante un par de minutos jugueteó con nosotros en lo que en aquel momento se nos antojó que sería uno de tantos encuentros por experimentar como nos habían relatado. Desafortunadamente, no sería así y no volveríamos a cruzarnos con ningún ejemplar más.

Nuestra intención de zarpar tras las inmersiones a Roca Partida lo antes posible se vería truncada por el supuesto mal tiempo que nos esperaba allí. Desde Socorro el trayecto lleva de seis a ocho horas y, una vez llegados allí, no existe resguardo alguno en el que cobijarse y poder echar el ancla con seguridad en caso de temporal. Si decides ir y el tiempo no acompaña te verás obligado, sin remisión, a dar la vuelta sin posibilidad alguna de retorno, como, al parecer, les sucedió al grupo que viajó la semana anterior y que se obstinaron en atacar la Roca contra tiempo y marea. El hecho de que las embarcaciones no carguen suficiente combustible y la gran distancia entre islas impiden modificar el itinerario hasta ese extremo por lo que hay que pensárselo muy bien …

De este modo nos vimos obligados a permanecer dos días en el que resultaba ser el menos deseado de los tres destinos en el que, por suerte, volverían a mostrarse las mantas junto a peces globo, trompeta, escorpión y rayas, entre otras especies.

 

A pesar de ello, los espartanos fondos de Socorro comenzaban a causar cierta desazón entre los buceadores, habida cuenta de las grandes expectativas y de los no pocos esfuerzos puestos en el viaje. Llegados a este punto de la aventura, debo confesar que llegó un oscuro momento en el que me encontré agotando infructuosamente mi aire frente a la persistente corriente e inmerso en el balanceo del mar de fondo sobre los desnudos pedruscos que poblaban el suelo donde no pude por menos que sentir como las dudas sobre el éxito del viaje comenzaban a galopar desbocadas por mis sinapsis neuronales.

Una vez de vuelta al salón. un buen compañero, que fue de menos a mucho más superando su reciente operación, me confiesa, entre risas, haberme remorizado durante la inmersión poniéndose a mi rebufo en la corriente para ir copiando como la gestionaba junto con la cunita del mar de fondo y, de paso, quitándose una poca … Ruego a Neptuno y a Namor, que no sirva de precedente para evitar la indeseada formación estilo procesión semanasantera …

Afortunadamente, antes de rodar sobre el costado de la zodiac hacía atrás a la de … ¡ Un, dos, tres, Gooo !, me había decidido a lanzar el ancestral conjuro fotosub de atracción de la suerte ante la incredulidad de mis compañeros. Poco después iniciamos el paseo por Punta Tosca durante el que aún me encontraba invadido por aquellos oscuros pensamientos hasta que, de repente, divisé una gran langosta dando su paseo cotidiano por la arena para acto seguido, como si de una función se tratase, observar en la lejanía un alocado banco de peces loros que, con formación de tornado, se aproximaban con rapidez mientras se alimentaban nerviosamente y, de paso, levantaban mi maltrecho ánimo que siguió recuperándose con el avistamiento de un pequeño tiburón guitarra.


Minutos más tarde reclama mí atención una pequeña nube a unos 30 metros de profundidad por lo que decidí bajar a echar un vistazo a ver que se cocía. Allí, dentro de un pequeño claro arenoso formado entre las rocas, se encontraban cazando media docena de pequeños tiburones puntas blancas que describían continuos círculos intentando dar buena cuenta de sus apetitosos objetivos. Poco después se me sumaría un buen compañero videosub que decidió unirse a la fiesta e inmortalizar la función a la vez que nos recargábamos de positividad de un modo inversamente proporcional a la medida en que se vaciaba el nitrox de nuestras botellas en lo profundo. El sortilegio concluiría su efecto en la parada de seguridad donde gozamos de la acostumbrada visita de otra gran manta que, en esta ocasión, danzó acompañada de sus hidrodinámicos compañeros, dos fornidos tiburones. Uno de ellos evidenciaba el daño que los humanos les infligen sin descanso, arrastrando el largo sedal del anzuelo que, en esta ocasión, no logró acabar con su preciada vida.

 

Finalizadas las inmersiones recibimos la fugaz visita a bordo de los militares para la rutinaria inspección y, tras mostrarles gustosamente nuestros pasaportes a la vista de las ametralladoras que portaban, levamos anclas destino a la ansiada Roca.

Después de una intensa jornada bajo el agua siempre viene bien una buena siesta recuperadora en el camarote, costumbre que suelo desempeñar con cierta maestría. Al levantarme y subir al salón para cenar veo al personal alborotado envuelto en un raro humillo y percibo un feo olorcillo a cable quemado. Uno de los dos enchufes de 220v del barco había salido ardiendo. Mientras la tripulación deliberaba junto a nuestro buzo ingeniero sobre si los extintores era compatibles y efectivos o no con sistemas eléctricos ante la absoluta indignación de este, el resto del pasaje siguió en sus respectivas mesas sin inmutarse dando buena cuenta de sus hamburguesas con queso así que, medio dormido aún, me pedí otra y una Pacífico para, en caso de naufragio, ir bien provisto de calorías con las que contrarrestar la hipotermia y la hambruna por venir en la isla desierta a la que probablemente iríamos a parar, como bien es sabido que ocurre en estos casos … pero los males no irían a más y todo quedaría en la mera anécdota.

Capítulo IV. Roca Partida.

El grato purgatorio había concluido tocaba la hora de ascender a los cielos, el paraíso tan codiciado de Roca Partida.

Buscando la consecución del quinto objetivo navegábamos hacia la tierra prometida donde todo podría suceder, o no … Oscuros presagios sobre los viajes de las dos semanas previas se cernían sobre nuestras cabezas como siniestros nubarrones plomizos cargados de truenos, rayos y centellas. Aquellos buzos que nos precedieron y se empecinaron en ir hacia ella a toda costa a pesar del mal tiempo, perdieron su arriesgada apuesta y, tras solo dos buceos, se vieron obligados a regresar para no volver … Los anteriores, ni siquiera lograron alcanzarla por las condiciones adversas. Por mi mente comenzaron a rondar los fantasmas de Richelieu Rock en las Islas Similan y Atauro en Timor, que se negaron a abrirnos sus puertas por el mal tiempo.

Esta formación rocosa no alcanza la categoría de isla, es tan solo un ínfimo islote descubierto en 1542 por Ruy López de Villalobos que debió toparse con ella por pura casualidad porque, en realidad, es como una cagada de mosca, con perdón, en la inmensidad del océano Pacífico … Más concretamente, es la cima de un estratovolcán submarino cuyas rocas están dominadas por anfíboles y piróxenos de sodio, donde, eso sí, domina el sodio sobre el potasio y la escasez de plagioclasas, lo que a la hora de bucear pues como que te da igual, o eso, al menos, me pareció a mí durante todo el rato …

Para llegar a divisar el que ahora se muestra como un ridículo peñasco partido por la mitad en pleno Pacífico, con la caricaturesca forma de conejo echado, tuviste que soportar vuelos durante un trayecto de más de 25 horas y sumarle otras 33 más de navegación. Al verlo, no puedes evitar plantearte si ya te encuentras en pleno deslizamiento de uno de los mayores patinazos que te has pegado en tu vida. A la mente llegan las imágenes del pasado en Gordon Rocks o las más parejas de Kicker Rock o León Dormido ambas en Galápagos, excelentes puntos de buceo, e intentas tranquilizar a ese sistema neuronal que te trae por la calle de la amargura …

Nada más meter la cabeza en el agua compruebas que la presencia de vida se multiplica de modo exponencial, respecto de lo ya visto durante el viaje, sobre todo en el más animado de los corners donde el espectáculo siempre estaba asegurado enfrentando una corriente que obligaba en ocasiones a los buzos a agarrarse a la pared en modo lapa o a clavar el gancho de corrientes.

 

Recorres la árida pared para concluir el corto trayecto en el del lado opuesto. Nada más torcer la esquina localizas las repisas repletas de puntas blancas arracimados, las morenas y los pulpos escondidos entre las estrechas grietas y una descomunal langosta custodiada por su hermanitas que a su lado aparecen pulguificadas


Las inmersiones se suceden y la visibilidad del agua va en aumento mostrando una impresionante columna de distintas especies de jureles que va desde la superficie hasta el mismísimo fondo. Una visión hipnótica en la que la vida crece hasta tapar al sol y que solo la percepción directa puede transmitir en su real esencia muy lejos de poder ser reflejada por cualquier imagen o descripción.

Los tiburones de puntas blancas de arrecife, sedosos, puntas plateadas, grises y grandes galapagueños se muestran aunque no siempre cercanos. Ni rastro de los anunciados delfines ni de las ansiadas mantas. Muy abajo se mueve un escualo de gran lomo, pienso que puede ser un tigre y pico más allá de los narcóticos 43 metros. Al acercarme por encima de su aleta dorsal observo que es un enorme galapagueño que sigue hundiéndose. ¡Lástima! … no queda otra que iniciar el lento ascenso …

Una vez en superficie divisamos ballenas que fugazmente resoplan en el horizonte e iniciamos un lento acercamiento a bordo de la zodiac. Una de ellas salta en la lejanía emergiendo con la práctica totalidad de su imponente corpachón y cayendo de lado como una torre vencida por la gravedad para levantar un impresionante abanico de agua pulverizada con su impacto. Por más que buscamos la ocasión de lanzarnos cerca para estar en el agua con estos gigantes la oportunidad nunca llegaría a darse. Al oir los motores siempre acababan por sacar su gran cola sobre la superficie lo que, desgraciadamente, anunciaba sin remedio que iniciaban su descenso por largo tiempo con lo que el objetivo III, el más improbable de todos, no llegaría a materializarse.

Esa misma noche … Gran evento. El cumpleaños de uno de nuestros buzos coincidía con la anunciada fiesta barbacoa en la cubierta superior donde, además de ponernos morados, hizo su inesperada aparición el tiburón negro que rivalizó con el cumpleañero y Antonio, el showman, con unos asombrosos bailes que nos hicieron reir hasta dolernos la barriga.

De vuelta al camarote los sedosos ya se reunían junto a la plataforma de popa prestos a comer las galletas que les lanzaban. Antes se acostumbraba a snorkelear con ellos a la luz de los focos. Afortunadamente, está práctica ha sido recientemente prohibida y, probablemente, evitada la ocasión de que tarde o temprano pudiese haber un disgusto. Si no con estos silkies si con alguno de sus primos de mayor porte y peligrosidad que pudiera confundir al desafortunado snorkelero con una gigante y apetitosa cookie

La segunda jornada en Roca mostraría el mismo espectáculo vital y con los atunes cazando a velocidad de vértigo pero sin que consiguiéramos lograr el deseado objetivo IV, el escuadrón martillos … que tampoco llegarían a desfilar en ante nuestros ojos aunque si serían avistados algunos ejemplares solitarios y finalmente localizados en gran número pero más allá de  los prohibitivos 50 metros de una profundidad absolutamente vetada para nuestra mezcla de nitrox 32. Algunos, al vernos sobrevolarlos, se levantan y suben unos metros para mostrarse fugazmente pero sin dar realmente lugar a poder apreciarlos con la deseada claridad y cercanía y mucho menos en formación.

 

Pero, no todo son malas noticias … Algo alargado flota en el azul … Con apariencia de una inerte bolsa de plástico … Al acercarme me quedo asombrado … Lejos de tratarse de basura arrojada por un barco, poco a poco, se va definiendo un ser vivo extraordinario, bueno … muchos que parecen uno solo. Es un raro Unicornio de Mar, un pirosoma … En realidad, estoy ante una extraña colonia cilíndrica y translúcida formada por millares de tunicados marinos. Esta curiosa y bien avenida comuna, de varios metros de longitud, a diferencia de otras más pequeñas e inmovilistas que suelen vivir aburridamente adheridas al fondo marino, es mucho más liberal y aventurera … Como zooides, océano-errantes que son, y orgullosos deben estár de ello, viajan juntos como hermanos flotando a su libre albedrío en las aguas cálidas. De ese modo, mientras filtran plancton, van conociendo mundo a pesar de tener que sufrir el asedio de los desconsiderados peces que la picotean. Pero esta polientidad, al igual que el ser mitológico del que recibe el apodo, posee una extraña clase de magia biológica … la de clonarse a voluntad. Cada individuo tiene el superpoder de copiarse a sí mismo, multiplicarse y conectarse, como nosotros en la web, a su colonia para compartir sus cosas … Tras sobrevolarlo e inmortalizar a todos sus miembros para la posteridad continuaron alejándose ensimismados en sus desconocidos planes …

Ya en el barco uno de los buzos nos anuncia que le han comunicado que mañana iniciaremos la vuelta para hacer las últimas inmersiones durante el trayecto dado que se espera un inminente empeoramiento del mar. Noticia que provoca cierto descontento entre la mayoría que prefería permanecer un día más en la roca tal y como se nos había prometido inicialmente sobre estar allí el máximo tiempo posible. La consecución del VI objetivo reclamaba reunirme con el Capitán y el guía líder, tiburón negro. Así que tras un sereno parlamento junto al timón acordamos someter a votación democrática el permanecer en Roca otro día más para dos buceos o iniciar la singladura hacia San Benedicto donde hacer, ya más cerca de la costa, las dos o tres inmersiones anunciadas. El atractivo influjo del solitario peñasco conseguiría que 2/3 de los buzos levantasen su brazos ilusionados optando por permanecer aún a riesgo de tener que afrontar un penoso regreso de 33 a 40 horas azotados por un mar de castigo.

Roca, mostrándonos su agradecimiento, nos regalaría el día de mejor visibilidad lo que es mucho porque esta nunca dejó de ser buena. Se desnudó para nosotros y a 30 metros pudimos admirar su alargada y puntiaguda figura completa, desde el oscuro fondo bajo nuestros pies hasta su luminosa cima, mientras sedosos, grises y corpulentos galapagueños se nos mostraban como ningún otro día para despedirse. Así que repetimos el recorrido y visitamos a las verdosas morenas, a los amontonados puntas blancas y, ¡Como no! …, a la langosta obesa rodeada por su fiel e inseparable séquito.

Al final de la inmersión, como siempre, nos esperaba Antonio cantando el … Que te la pongo que te la pongo … y anunciando, entre risas, que en esta ocasión, al ser la última, lo haría con sorpresa aunque todos gentilmente renunciamos a recibirla, por si acaso …

 

Quizás Revillagigedo no nos lo diera todo. De hecho en dos inmersiones suelo dejar seca la batería de mi cámara y aquí llegué a salir con el 85% de una tercera. También es cierto que cuando se buscan premios grandes se tira menos que cuando te centras en los bichos pequeños, la prueba es que aquí disparé un 25% de lo habitual. Entre ver la botella medio llena o medio vacía siempre me ha parecido mejor inclinarme por la primera opción porque con el tiempo se termina por contemplar todo con una óptica más amplia y precisa que enriquece el recuerdo y el haber conseguido 4 de los 6 objetivos no podría, ni mucho menos, calificarlo de fiasco.

Contra el agorero pronóstico del tiempo nos aguardaba una plácida travesía de regreso durante la que conseguimos acabar con toda la provisión de cerveza y palomitas de maíz mientras disfrutábamos de las vistas del grandioso Pacífico desde la austera cubierta del Sea Escape. Del tremendo oleaje que se nos avisó que nos podía aguardar a la llegada a puerto y que podría incluso impedirnos entrar por su bocana obligándonos a pasar la noche a bordo tan sólo pudimos observar un mar como un plato. En México cualquier previsión que se pinte sobre la incierta tela del futuro suele acabar tornándose una realidad distinta o incluso radicalmente opuesta … Debes cambiar tu chip y terminar por asimilarlo o acabar tumbado mirando a la lámpara del techo sobre el diván de cuero negro de un psiquiatra con un sombrero de papel puesto en la cabeza …

Con la última cena grupal y la visita mañanera al pequeño mercado local de La Marina de Cabo San Lucas el sexto viaje mexicano llegaba a su fin en paz y, casi generalizada, armonía. Atrás quedaba el recuerdo de una meta soñada elevada a vivencia. Ahora se abría la veda para la caza de tres nuevos y ambiciosos proyectos ya cerrados y acomodados en mi escritorio mental esperando, tan solo, a ser clicados por turno en un horizonte cada vez más cercano …

 


Reflexiones personales y comentarios adicionales:

En cuanto al Sea Escape y su organización analizaré tanto lo positivo, para agradecer, como lo negativo, para construir:

Pros

I.- A pesar de que en su día, al parecer, se le añadió una planta más el barco este se muestra bastante estable en condiciones normales, las duras afortunadamente no llegué a conocerlas.

También dispone de una espaciosa zona de equipamiento que incluye dos duchas en la plataforma de popa e incluso de una secadora para mantener calientes las toallas que te dan al salir de cada inmersión. Muy de agradecer.

II.- Lleva a bordo un tubo hiperbárico aunque albergo dudas sobre su funcionamiento real.

III.- Aunque la hora pactada de salida son las 10:30 horas nos recogieron puntualmente a las 07:00 horas lo que posibilitó que pudiéramos hacer dos buceos al día siguiente. De habernos ido a buscar a las 10:30 hubiéramos realizado uno o ninguno.

IV.- El que los refrescos, la cerveza y el vino estén incluidos en el precio es un plus muy de agradecer que ayuda a que la cuenta de estos costosos viajes no siga castigando la cartera.

V.- La tripulación y su trato solo pueden calificarse de excelentes. Siempre atentos, incesantes trabajadores y colaboradores para cualquier problema que pudiera surgir y, además, siempre con una sonrisa en la boca o un gracioso comentario lo que es de agradecer para los que están de vacaciones disfrutando de su pasión. Especial mención para Antonio, un auténtico crack y al guía del Grupo 1, Julio, el tiburón negro. De Julián, guía del grupo 2 tan solo puedo aportar mi testimonio sobre su comportamiento sobre el barco que también fue excelente, bajo el agua nunca llegué a bucear con él.

Contras

I.- La organización te informa que el barco sale de Cabo San Lucas y esto no es cierto, sale del puerto de San José del Cabo situado muy cerca del aeropuerto SJD.

“DE DONDE SALIMOS ?  El punto de partida de los barcos es Cabo San Lucas, Baja California Sur, Mexico, y le sugerimos muy atentamente, que procure llegar a ese destino por lo menos 1 dia antes de zarpar, con el fin de evitar complicaciones de ultimo minuto por perdida de equipaje u otros retrasos.   El barco atraca en Cabo a las 17:00 al final del viaje, por lo que insistentemente sugerimos pernoctar en Cabo y reservar su billete de avión para el siguiente dia (el aeropuerto internacional es SJD).”

Esto conlleva un gasto innecesario al cliente que ha de abonar costosos transfers de ida y vuelta (el barco no los asume) desde San José del Cabo a Cabo San Lucas, además de tener que soportar un trayecto que dura más de media hora lo que nunca es agradable después de un largo viaje. Incluso llegan a recomendarte un señor para hacer el transfer y dos hoteles en Cabo San Lucas. Muy mal.

II.- El barco mientras se dirige al trabajo, esto es, a llevar a los clientes a bucear en el trayecto de ida viaja a velocidad tortuga, si fuera más rápido se podría realizar algún buceo más, mientras que cuando lo hace de regreso para que la tripulación vuelva a sus respectivas casas lo hace a velocidad liebre.

III.- Aun cuando nos informaron que podríamos hacer en Roca Partida todos los días que considerásemos oportunos, tan sólo se nos brindaron finalmente dos que tras la reunión amistosa fueron dos y medio. La excusa fue un mal tiempo que nunca llegamos a observar. De hecho se nos previno de una dura travesía de vuelta para, quizás, inducirnos a salir de Roca antes de la cuenta y que la tripulación pudiera llegar antes a su casa, y, por el contrario, las condiciones fueron, más allá de buenas, óptimas lo que ciertamente no contribuye a generar confianza en el cliente sobre la información que se le da.

Tampoco nos comentaron previamente las reglas del parque por las que cuando coinciden 3 barcos no se pueden hacer 4 buceos solo 3 y si son 5 solo 2. Creo que esto es muy importante que esté en el conocimiento de todos y cada uno de los buzos para no llevarse desilusiones.

El primer barco que llega es el que elige los horarios en coordinación, en su caso, con los guías de los otros barcos que lleguen posteriormente y pierde este derecho a partir de la segunda jornada.

IV.-  Se encargaron 11 botellas de 15 litros y al llegar al barco tan sólo se dispuso de 9 por lo que dos buzos tuvieron que renunciar a ellas a pesar de haber insistido hasta la saciedad en este punto.

V.- Se encargó la disponibilidad, gratuita, de un localizador GPS por pareja para caso de emergencia y de los 9 solicitados tan sólo se nos facilitaron 8, afortunadamente, uno de nuestros buzos, caballero negro tiburonero, siempre previsor, traía el suyo.

VI.- En cuanto a la comida dejar claro que no pasamos hambre pero si nos pareció un poco pobre por la repetición de las sopas de entrante y los primeros un tanto escasos, la tarta del postre siempre era cortada en porciones ínfimas lo que tampoco ayudaba a generar una sensación de satisfacción final. Quizás deberían plantearse las comidas tipo buffet que suelen ser las habituales en los vida a bordo y que ofrecen mayor variedad de opciones al cliente.

VII.- El estado general de las habitaciones, ropa de cama y su limpieza son mejorables y necesitan de una mayor atención y mantenimiento.


Dedicatoria

En esta ocasión será para mis compañer@s que, salvo el borroncillo de intentar liarme para aporrizar el dron,  hicieron que todo el trabajo e ilusión puestos en esta fabulosa aventura llegara rotundamente a buen puerto … a pesar de las pseudo previsiones meteorológicas. ¡Gracias!


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